En la familia empresaria, la vocación empresarial es una elección libre y personal
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Publicado el 29 julio, 2024
El pasado mes de mayo, en la Jornada «La reputación empresarial y el compromiso de las nuevas generaciones» que celebramos en CEIM, Ricardo Molina Oltra, Consejero de la Fundación NUMA, mantuvo un diálogo muy instructivo con los empresarios familiares Patricia Rueda, Óscar García y Javier Sanchidrián Martinez, sobre la transmisión de los valores y la vocación empresarial en las familias empresarias.
Todos ellos experimentaron la transmisión de los principios y valores dentro de la familia empresaria de una manera natural y gradual, no como algo forzado o muy programado. Patricia siente que su padre, desde que ella y su hermano eran muy pequeños, les transmitió la pasión por la empresa y por aportar valor a la sociedad. Óscar no recuerda acciones concretas, pero sí el hecho de pasar su infancia y juventud en una de las tiendas del negocio. Javier por su parte destacó el ejemplo que tuvo de lo que es ser empresario en la figura de su padre y la educación de unos valores por parte de su madre aplicables la empresa y a la vida en general.
La empresa familiar no influyó, de manera directa, en ninguno de ellos a la hora de elegir una formación. Ni Patricia, ni Óscar sintieron atracción por el negocio familiar, pero Javier sí, y por ello, y sin ninguna imposición familiar, decidió estudiar Administración de Empresas. Estudió fuera de España, una experiencia que recomienda vivamente, ya que más allá de los estudios se conoce otra cultura, distintas formas de trabajar y en definitiva, otra realidad. Además, fuera de la empresa familiar no eres “el hijo de”, lo cual es una buena manera de demostrar tanto a los demás como a uno mismo su valor como trabajador.
Al finalizar la carrera trabajó en la embajada de EE.UU ayudando a las empresas españolas a implantarse en otros mercados. Cuando regresó a España comenzó a trabajar en una multinacional haciendo auditoría, donde aprendió a desenvolverse en un entorno multidisciplinar. Fue en ese momento cuando decidió que debía volcar sus esfuerzos en la empresa familiar y así comenzó su formación de la mano de su padre para conocer todos los departamentos del negocio.
Patricia realizó estudios que no estaban relacionados con el negocio familiar. Al igual que Javier, estudió fuera de España, y también comenzó a trabajar en el extranjero. Aunque regresó a España con muchas dudas laborales finalmente decidió unirse al negocio familiar; para ello, se formó en el sector al que se dedica actualmente, lo que la llevó nuevamente al extranjero. Para Patricia trabajar en una empresa ajena a la familia, donde eres uno más, enseña sobre cómo quieres tratar a la gente, y fomenta el respeto y la empatía.
Óscar no ha tenido experiencias laborales fuera del negocio familiar. Comenzó desde abajo, “colocando botes en las tiendas”, y ha ido cubriendo las necesidades del negocio a medida que surgían. Inicialmente se enfocó en acciones de marketing y posteriormente en recursos humanos.
En relación con la decisión de trabajar o no en la empresa familiar, Ricardo Molina quiso saber si la mala imagen y reputación sobre los empresarios difundida por algunos medios y gobernantes, les ha influido de alguna manera.
Patricia opina que, efectivamente, a veces se propaga la imagen del empresario corrupto, y explotador, algo que no se ajusta a la realidad. En su caso, tiene la conciencia tranquila, hace lo que cree que debe hacer y lo defiende con argumentos. Respecto a cómo combatir esta percepción, considera que, como muchas otras cosas, la clave es la educación. Si desde pequeños nos enseñaran la importancia de la empresa para la sociedad y se dieran mensajes positivos todo sería todo más fácil.
Óscar sí se ha sentido afectado por esta mala fama del empresario hasta el punto de ocultar, en el pasado, que él mismo lo era. Esta actitud también se debe a que su familia nunca se ha considerado una familia empresaria, comenzaron sus negocios por necesidad y no tenían conciencia de ser empresarios. Sin embargo en los últimos años, al ver a sus padres y tíos jubilados, y al observar que después de sesenta años de trabajo, no solo han mantenido a sus propias familias, sino también a las de todos los trabajadores que han contratado, ha comenzado a sentir orgullo de ser empresario. Ahora se reconoce como tal y defiende la labor de los empresarios allá por donde va.
Su fórmula para cambiar la mala imagen del empresario es la reflexión, un trabajo particular de cada uno para tratar de ver cómo son las cosas realmente y no dejarse influir por opiniones externas.
Javier opina que los ataques a los empresarios responden a un relato interesado que además contradice las encuestas, las cuales muestran que la percepción de la sociedad española sobre los empresarios es positiva. Además, destaca que mucha gente no considera a los pequeños empresarios o a los autónomos como verdaderos empresarios. Por tanto es fundamental construir un nuevo relato que acabe con las confusiones y muestre la realidad del empresario en España.
Ricardo planteó el tema de la sucesión y les preguntó acerca de sus planes en este sentido.
Javier y Patricia tienen hijos aún muy pequeños, así que no piensan en la sucesión a corto plazo, pero ambos creen que hay que dejar desde el principio unas bases y unas pautas claras de lo que hay que hacer para dar continuidad a la empresa familiar; luego cada hijo decidirá en su momento que quiere hacer, con la misma libertad que tuvieron ellos.
Javier reconoce que le gustaría tener continuidad por parte de la tercera generación y es una de las motivaciones en su trabajo diario.
En el caso de Óscar la familia ha crecido más de lo que ha crecido el negocio; de hecho, en la actualidad los que están trabajando en el negocio son una cuarta parte de la familia. Por esta razón, y también por los intereses que muestran sus hijos, no cree que quieran continuar en la empresa familiar tal como es hoy. Sin embargo sí ve en ellos inquietudes empresariales y ganas de levantar nuevos negocios, así que, quién sabe, quizá creen algo totalmente distinto, o decidan transformar el negocio actual. Por tanto en su caso, el enfoque no es tanto la continuidad de la empresa familiar sino la continuidad de la familia como familia empresaria.
Los tres empresarios estuvieron de acuerdo en que, independientemente de lo que hagan en el futuro las siguientes generaciones, y de si trabajan o no en el negocio, deben ser conscientes de su responsabilidad como accionistas. Deben tener formación y conocimientos para poder tomar decisiones y por tanto, una actitud indiferente y no querer saber nada no es una opción. Si es necesario se busca ayuda, asesores y colaboradores externos que aporten el conocimiento y las capacidades necesarias pero la responsabilidad es ineludible.
Para finalizar, el Consejero de la Fundación Numa quiso saber si han recurrido a la mediación cuando ha habido falta de entendimiento, o han surgido problemas en la familia con respecto al negocio.
Óscar y Javier no han tenido ninguna experiencia con la mediación aunque consideran que es una excelente alternativa. En el caso de la familia de Patricia sí han utilizado esta opción cuando una de las ramas familiares quiso salir del negocio, y también para fortalecer la relación entre hermanos. Su experiencia ha sido muy positiva y muy recomendable; cree que la principal premisa para acudir a la mediación es que todos los implicados tengan la voluntad de solucionar el problema, y por supuesto, exige un trabajo intenso, y a veces duro, por parte de los miembros de la familia pero los resultados merecen mucho el esfuerzo.
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